Los videojuegos forman parte del día a día de muchos niños. Son una forma de entretenimiento que les apasiona y, en muchos casos, también una manera de compartir tiempo con amigos.

Pero existe una gran diferencia entre jugar a un videojuego y crear uno.

Mientras que al jugar seguimos unas reglas ya establecidas, al crear un videojuego somos nosotros quienes las imaginamos, las diseñamos y las hacemos realidad.

Y es ahí donde comienza el verdadero aprendizaje.

Pasar de jugador a creador

Cuando un niño crea su propio videojuego deja de preguntarse:

"¿Cómo paso esta pantalla?"

Y empieza a preguntarse:

"¿Cómo puedo hacer que mi personaje salte?"

"¿Qué ocurre si el jugador toca este objeto?"

"¿Cómo consigo que el juego sea divertido?"

Sin darse cuenta, empieza a pensar como un diseñador, un programador y un creador.

Cada decisión tiene un propósito

Crear un videojuego implica tomar decisiones constantemente.

Los niños deben imaginar una historia, diseñar personajes, crear escenarios y pensar cómo interactuará el jugador con el juego.

Después llega la programación: dar instrucciones para que todo funcione exactamente como lo habían imaginado.

Cada pequeño cambio requiere analizar, probar y mejorar.

Mucho más que programación

Aunque aprender a programar forma parte del proceso, lo realmente importante son las habilidades que desarrollan mientras crean.

Entre ellas destacan:

Estas habilidades serán útiles independientemente de la profesión que elijan en el futuro.

Aprender de los errores

Pocas veces un videojuego funciona perfectamente desde el primer intento.

Un personaje puede no moverse como esperábamos, una puntuación puede fallar o un nivel puede resultar demasiado fácil o demasiado difícil.

Cada error se convierte en una oportunidad para analizar qué ocurre, buscar una solución y seguir mejorando.

Así descubren que equivocarse no es un problema, sino una parte esencial del proceso creativo.

La satisfacción de crear algo propio

Hay un momento muy especial cuando un niño termina su primer videojuego.

No solo siente orgullo porque funciona.

Siente orgullo porque ha sido capaz de convertir una idea que estaba en su imaginación en algo que otras personas pueden jugar.

Ese sentimiento de "yo lo he creado" es una de las experiencias de aprendizaje más valiosas.

Así trabajamos la creación de videojuegos en INNOVATE

En INNOVATE utilizamos la creación de videojuegos como una herramienta para despertar la creatividad y enseñar a los niños a pensar de una forma diferente.

No buscamos que memoricen código.

Queremos que aprendan a imaginar, planificar, resolver problemas y convertir sus ideas en proyectos reales.

Porque crear un videojuego no consiste solo en programar.

Consiste en aprender a crear, a experimentar y a descubrir que las mejores ideas empiezan con una simple pregunta:

"¿Y si lo hago yo?"